Nuestro amigo el desierto se muestra amable, el día amaneció con una temperatura muy agradable, nos recuerda que a pesar del calor abrumador padecido en jornadas anteriores, los días no se parecen en absoluto a pesar de que nos esforcemos en repetir nuestras vidas en tediosas rutinas que nos puedan llevar a estados de ánimos de aburrimiento o desilusión, a nada que nos demos cuenta y pensemos en nuestras posibilidades, cada día se abren opciones nuevas, infinitas, y, a nada que nos demos cuenta que empleando nuestros sentidos, para ponerlos a trabajar a nuestro favor desde el coraje, la reflexión, el sentimiento de nuestras necesidades y la actitud abierta y propiciadora de nuevas alternativas podremos constatar que al igual que los días, en nosotros, cada segundo, si lo sabemos reconocer, estamos en la posibilidad infinita.
Nuestro caravasar se sacude la modorra de la madrugada, a penas acabamos nuestros rezos matinales y respiramos golosamente la brisa que nos regalan las primeras horas de la mañana. Los sonidos de los cantos de los pájaros que habitan en el oasis vecino nos llegan con nitidez, la naturaleza nos regala armonía, paz y nuevas percepciones, y hoy, la vida nos parece un poco más amable, bendito sea Dios que hace que nos demos cuenta de nuestras propias sensaciones porque estamos conectados a todo lo que nos rodea, ¿hay mayor privilegio?.
Hoy os queremos relatar un hecho que nos contaron hace ya unas jornadas unos beduinos que de camino hacia las salinas de Sudan pernoctaron en nuestra hospedería, haciendo que sus risas y buen humor resonaran en todas las paredes de nuestra casa. Como casi siempre, esta historia es verídica y sucedió de la manera que nos la contaron:
“Resulta que una mañana, caminaba el imán Nasrudín por una calle de su aldea, cuando observó que en mitad del camino había un objeto reluciente tirado en el suelo, cuando se aproximó a él, observó que se trataba de un espejo, un pequeño artilugio que tomó en sus manos se contempló en él y lo volvió a arrojar al suelo.
Un vecino del imán testigo de la escena interrogó a Nasrudín por el hecho de tirar de nuevo el artilugio que se había encontrado.
- La imagen que he contemplado en él es tan horrible, que no me extraña nada que se hayan desprendido de él arrojándolo a la calle”.
Un abrazo desde Eneadanza: Las Danzas Sufíes Para El Cambio.




