En el nombre de Dios. El Clemente. El Misericordioso.
Mi muy estimados amigos, hace algún tiempo que deseamos compartir con vosotros una historia que nos llegó, como habitualmente ya conocéis, de manos de unos de nuestros visitantes, recordamos que fue la primavera pasada y que su conversación era fluida y amable, su voz entonaba de manera cautivadora con un timbre grave y pausado, y, que hacía que todos aquellos que escuchábamos su relato no nos perdiéramos ni uno solo de sus vocablos…
Resulta que hace ya algún tiempo que un murid, alumno de un sheij en una escuela sufí, asistía a las lecciones de su maestro de forma que no se perdía ni una de sus lecciones, pero pese a ello jamás se había preocupado en formular ninguna pregunta y tampoco mostraba inquietud alguna respecto a las enseñanzas que se impartían en la tarika, por lo que el sheij le convocó a una charla privada preocupado por lo que parecía una falta de interés por parte de aquel discípulo.
- Mi querido murid, deseo que sepas que eres un ser muy importante dentro de nuestra escuela, el hecho de que estés aprendiendo no quiere decir que no tengas dudas y preguntas que hacer, sabes que he propuesto ejercicios constantemente, y he podido percibir con el tiempo, que las enseñanzas que he ido desgranando a lo largo de estos últimos años no parecen haber causado ningún cambio en ti, y, ese hecho me tiene muy preocupado – le dijo el shiej.
- Me alegra que se haya dado cuenta, por fin – le dijo el murid – ¡Porque desde hace un tiempo, tengo la terrible sensación que usted, maestro, no le está poniendo el suficiente interés…!
Muchas gracias, y un fuerte abrazo desde Eneadanza: Las Danzas Sufíes para el Cambio.
