En el nombre de Dios. El Clemente. El Misericordioso.
Vivir en el universo de las sensaciones que nos transmite el cuerpo, es estar en unión con el espíritu. Estar en el sentir del cuerpo, es ser consciente de lo que nos está pasando en ese segundo infinito que es el momento presente (ver “Viaje por un Camino de Hermosura” Ángel Lafuente Laarbi-R. Mandala Ediciones) ese instante que marca una diferencia justo cuando percibimos que estamos en nosotros, observando como la mente es su propia observadora a través del cuerpo y el mundo inabarcable del espíritu.
La acción, el hacer, el conocimiento que nos transmite ese saber qué hacer porque nos da la certeza del trabajo correcto en el punto preciso, pues esa sensación de la presencia del espíritu es la que está detrás de todo quehacer, siempre y cuando, esté empujado por la inspiración de ese acto preciso del espíritu que nos guía, nos protege y nos cuida en el amor.
Nuestro espíritu es una presencia que jamás nos abandona, que está ahí para nosotros, que nos da fuerza nos eleva hacia lo trascendente y maravilloso mundo de la autenticidad del Ser. No importa lo que hagas, no importa por donde transites, el caso es que cuando te encuentres solo y perdido sepas volverte a ese momento de estremecimiento que te avisa de que en ti hay una fuerza imparable que te da poder y amor para que te enfrentes a cualquier situación con entereza y dignidad, valores que no pierdes nunca, que están dentro de ti porque son patrimonio del espíritu que habita en ti constantemente.
El cuerpo, nuestro maravilloso cuerpo que percibe constantemente nuestra posición en el Universo, es el depositario de todos los órdenes de libertad y para sentir realmente que nuestra búsqueda está encaminada hacia el bienestar y la armonía con nosotros mismos y el mundo que nos rodea hemos de volvernos al interior del cuerpo para abrir los canales de energía primigenia que permanecen en nosotros y que nos acompañan sin que tengamos una visión clara y poderosa de esa fuerza excepcional y sin que sepamos como servirnos de ella para que nuestra vida sea vivida en plenitud.
El movimiento de la danza es una de las herramientas que nos llevan a ir descubriendo nuestra capacidad mental y nuestra fuerza espiritual, y, el cuerpo en cada una de sus acciones, posee la sabiduría necesaria para transportarnos hacia los mares infinitos del espíritu.
Un abrazo muy fuerte desde Eneadanza: Las Danzas Sufíes para el Cambio.

Aprendi mucho