En el nombre de Dios. El Clemente. El Misericordioso.
Acabamos de estar en Irotz, Navarra, en el Centro de Yoga Mágico de Omkar, trabajando con un grupo humano lleno de amor y coraje, pleno de sentimiento y fuerza, personas que están en una búsqueda sincera de sí mismos. Gentes acogedoras y amorosas que han hecho que nuestro trabajo fuera muy gratificante.
Desde Eneadanza, las Danzas Sufíes para el Cambio, deseamos dejar constancia de el buen hacer de todos ellos: Omkar, Dana, Marisa, Ana O., Ainoa, Felix, Ana C., Javier, y, Ana A. de su compromiso con el trabajo espiritual, seres de luz, de corazón abierto y mirada limpia, gentes que han recorrido senderos del saber, personas que se implican en el trabajo con la fuerza que solo la autenticidad da fe de su entrega.
Omkar posee, efectivamente, un centro mágico, junto a un río de aguas limpias, un puentecito que cruza el río y se enorgullece de ser parte del Camino de Santiago, árboles frondosos y silencio, mucho silencio, el lugar ideal para trabajar y vivir, lleno de vitalidad y energía reparadora, en este lugar hemos tenido el privilegio de trabajar, de vivir la danza, el sonido y la espiritualidad de lo más profundo de cada uno de nosotros, y ser acogidos por la familia de Omkar, de su mujer y sus preciosas hijas.
Danzas Gnawas de Trance Cinético, momentos para la plenitud y el recogimiento, tiempo para planificar cambios, observaciones para rectificar rumbos, compromisos que se reafirman en lo espiritual, corporal y mental, cuerpos que vibran y danzan que lloran gritan y danzan, que se revelan contra el dolor y que sienten que el camino que recorren es el sendero que les lleva a sanación de ese cuerpo de esa mente y de ese espíritu indomable que sabe que su camino está en la energía interior que el Ser descubre.
Damos las gracias a todos ellos por el privilegio de haber compartido espacio y tiempo, risas y llantos, pero sobre todo mucho amor, la energía que hace que la búsqueda sea el desvelar de ese Amor oculto que nos marcará la pauta para expandirnos hacia el infinito.
No deseamos despedirnos sin hacer mención a Jose Mari y su familia, que nos acogieron en el hotel rural Akerreta, un lugar donde se duerme mirando a las estrellas, pues sus habitaciones tienen amplios tragaluces sobre la cama que al acostarnos da la sensación que estás en esa entorno maravilloso de prados y bosques, de pequeños pueblos que contemplan el transitar del Camino de Santiago.
A todos ellos muchas, muchas gracias.
Un abrazo muy fuerte desde Eneadanza: Las Danzas Sufíes para el Cambio.